Volver al listado

La jugada empieza antes de tocar la pelota

Los grandes futbolistas parecen disponer de más tiempo que los demás, pero quizás su ventaja esté en otra parte: perciben antes y mejor. Tomando como punto de partida un artículo de Eric Zillmer sobre la neurociencia del Mundial 2026, esta columna profundiza en los mecanismos psicológicos que permiten anticipar, reconocer patrones, explorar el entorno, crear soluciones y ejecutar habilidades prácticamente automáticas. Los ejemplos de Lionel Messi, Michael Laudrup y Jorge Valdivia muestran que mirar no es lo mismo que ver. Con Argos y Odiseo como compañeros de viaje, la pregunta final es sencilla: ¿podemos aprender a ver mejor el juego?

Ir a la lectura
La jugada empieza antes de tocar la pelota
Psicología del deporte, Fútbol, Mundial 2026 Lectura aplicada

2026 · Reflexión aplicada sobre psicología del deporte, coaching y rendimiento.

Blog

El experto no ve más: ve mejor

En la mitología griega existía un personaje llamado Argos Panoptes, “el que todo lo ve”. Algunas tradiciones le atribuían cien ojos repartidos por su cuerpo y contaban que, incluso mientras dormía, algunos permanecían abiertos. Hera lo convirtió en guardián de Ío precisamente porque parecía imposible escapar de su vigilancia. Y, sin embargo, Hermes consiguió vencerlo.

La imagen resulta sugerente para pensar el fútbol.

Porque tener más ojos no garantiza comprender mejor lo que ocurre.

Un futbolista dispone de una enorme cantidad de información: compañeros que se mueven, rivales que ajustan posiciones, espacios que aparecen y desaparecen, trayectorias, velocidades, orientación corporal, ruido, instrucciones, fatiga, marcador.

Nadie puede procesarlo todo.

La diferencia entre el experto y el principiante no consiste simplemente en mirar más.

Consiste en aprender qué merece ser mirado.

Cuando observamos a algunos grandes mediocampistas sentimos que disponen de una especie de visión panorámica. Michael Laudrup fue uno de los ejemplos más extraordinarios. Tanto Barcelona como Real Madrid recuerdan su capacidad para encontrar pases que otros jugadores parecían no detectar. El propio Real Madrid lo describe como “el rey del pase al hueco” y destaca algo particularmente llamativo: era capaz de encontrar esos espacios incluso mientras su mirada parecía dirigirse hacia otro lugar.

Pero aquí conviene precisar algo.

Que Laudrup ejecutara pases sin mirar no significa que jugara sin haber mirado.

Probablemente la pregunta interesante sea exactamente la contraria:

¿qué había visto antes para poder permitirse no mirar en el instante final?

El no-look pass puede ser eficaz porque separa dos momentos que habitualmente confundimos. Primero está la obtención de información. Después viene la ejecución de la acción.

Si el mapa ya fue construido, la dirección de la mirada en el último instante puede incluso convertirse en una herramienta de engaño.

Laudrup podía mirar hacia un lugar y jugar hacia otro porque, presumiblemente, su decisión no comenzaba cuando golpeaba la pelota.

Había comenzado antes.

Y ahí se encuentra una de las grandes diferencias entre ver fútbol y leer fútbol.

Messi y el tiempo que se gana mirando

Lionel Messi ofrece quizá el ejemplo contemporáneo más evidente.

Hay momentos en los que parece desconectado del partido.

Camina.

Mira.

Vuelve a mirar.

El balón está lejos y él parece ocupar una zona intermedia entre participar y esperar.

Pero basta observar su cabeza.

En los segundos previos a recibir la pelota aparecen pequeños movimientos hacia un hombro, hacia el otro, otra mirada al balón y luego nuevamente al espacio.

Eso es scanning: exploración visual orientada a recoger información antes de intervenir directamente en la jugada.

Un análisis publicado durante este Mundial 2026 lo explica de una manera especialmente interesante: cuando la pelota finalmente llega a Messi, buena parte del trabajo perceptivo ya está hecha. Él ya ha recogido información sobre rivales, compañeros y espacios. Por eso algunas acciones que parecen extraordinariamente rápidas pueden haber comenzado varios segundos antes.

Aquí aparece una paradoja fascinante:

Messi puede parecer lento porque está pensando antes.

Cruyff expresaba algo parecido cuando distinguía entre velocidad física y anticipación. El jugador que empieza a desplazarse antes puede llegar primero sin necesitar correr más rápido.

Messi parece administrar el tiempo de esa manera.

No solamente acelera cuando tiene la pelota.

Acumula información cuando no la tiene.

Geir Jordet, uno de los principales investigadores de la exploración visual en fútbol, ha utilizado precisamente a Messi para ilustrar lo que denomina micro-scanning: movimientos pequeños de ojos y cabeza que permiten recoger información del entorno sin perder completamente el contacto visual con el balón.

Un ejemplo extraordinario ocurrió antes de su gol en el minuto 109 de la final del Mundial 2022. Jordet analizó los segundos previos y registró siete exploraciones visuales durante los diez segundos anteriores al gol. Al comienzo eran más prolongadas; cuando Messi se acercó al área y el espacio se redujo, se hicieron más rápidas. El entorno había cambiado y también cambió su manera de buscar información.

Eso es psicológicamente muy interesante.

El buen scanning no significa mover la cabeza mecánicamente cada cierto número de segundos.

Significa regular la búsqueda visual según lo que el problema exige.

Más lejos de la pelota puedo explorar ampliamente.

Cuando la pelota se aproxima necesito actualizar.

Cuando aumenta la presión, el tiempo disponible disminuye.

Cuando estoy en un espacio reducido, quizá necesite pequeñas exploraciones periféricas sin perder de vista el balón.

Por eso entrenar a un niño simplemente diciéndole “levanta la cabeza” puede ser insuficiente.

La pregunta más importante es:

¿para buscar qué?

Jorge Valdivia y la sombra del rival

Jorge Valdivia ofrece un ejemplo magnífico y, para un lector chileno, particularmente cercano.

Hace algunos años resumió su manera de entender el juego con una frase sencilla:

“La mirada no es en el balón, es en el espacio”.

La frase podría utilizarse casi como definición intuitiva de exploración perceptiva.

Pero recientemente contó algo todavía más interesante.

Valdivia explicó que, en ciertas situaciones, utilizaba la sombra del adversario para saber desde dónde se aproximaba un marcador. Al detectar rápidamente esa sombra podía inferir si el rival llegaba por derecha o izquierda y utilizar los primeros metros para jugar antes de que el contacto se produjera.

Me parece un ejemplo extraordinario porque permite comprender que la percepción experta no consiste solamente en mirar jugadores.

Consiste en aprender a utilizar claves informativas.

Para otra persona, una sombra es simplemente una sombra.

Para Valdivia podía significar:

viene por la derecha;

tengo libre la izquierda;

no necesito girarme;

puedo jugar de primera.

La información visual era mínima.

Su significado era enorme.

Eso es pericia perceptiva.

El experto no necesita necesariamente observar todos los detalles del escenario. Con la experiencia aprende qué señales predicen algo importante y cuáles puede ignorar.

Por eso dos jugadores pueden estar mirando exactamente la misma situación y, psicológicamente, no estar viendo lo mismo.

Uno observa cuerpos.

El otro observa posibilidades.

Uno ve dónde están los jugadores.

El otro empieza a imaginar dónde estarán dentro de dos segundos.

Ver espacios que todavía no existen

Aquí aparece otra diferencia fundamental.

Los grandes jugadores no utilizan la percepción únicamente para representar el presente.

La utilizan para anticipar futuros posibles.

Cuando Messi mira hacia atrás antes de recibir, no está fotografiando el campo.

Está actualizando un modelo dinámico.

Ese defensor se está acercando.

Ese compañero comenzó una diagonal.

Ese lateral quedó demasiado alto.

Ese espacio probablemente aparecerá.

Esto explica por qué algunos jugadores parecen pasar la pelota hacia lugares donde todavía no hay nadie.

La jugada parece imposible hasta que el compañero llega.

Laudrup hacía esto constantemente. Valdivia también. Messi lo continúa haciendo.

Lo que desde la tribuna llamamos “visión de juego” probablemente reúne varios procesos psicológicos distintos:

atención selectiva, para separar información relevante del ruido;

reconocimiento de patrones, para relacionar la situación actual con cientos o miles de situaciones anteriores;

memoria, para dar significado rápidamente a aquello que se observa;

anticipación, para proyectar cómo puede evolucionar la configuración;

y toma de decisiones, para transformar esa información en una acción.

Por eso quizá “visión de juego” sea una expresión incompleta.

No se trata solamente de visión.

Se trata de percepción inteligente.

Explorar no es distraerse

Aquí haría una precisión respecto del interesante artículo de Eric Zillmer en Drexel University que dio origen a esta reflexión.

Zillmer relaciona el hecho de que futbolistas como Messi aparten aparentemente la atención del balón con el mind-wandering y con la actividad de la denominada default mode network. Su propuesta es sugerente: durante esos momentos, el cerebro no estaría simplemente “apagado”, sino procesando información de una manera diferente.

Sin embargo, conviene no convertir esa asociación en una equivalencia.

Mirar lejos de la pelota no significa necesariamente que la mente esté divagando.

En psicología cognitiva, mind-wandering suele referirse a un desplazamiento de la atención hacia pensamientos que no dependen directamente de la tarea perceptiva inmediata. El scanning futbolístico, en cambio, puede constituir justamente lo contrario: una conducta intencional orientada a obtener más información relevante de la tarea.

Cuando Messi gira la cabeza buscando al lateral contrario, probablemente no se está desconectando del partido.

Está ampliando la cantidad de partido que puede representar mentalmente.

Dicho de otra forma:

dejar de mirar la pelota puede ser una manera de prestar más atención al juego.

Y esa diferencia es importante, porque evita convertir una explicación neurocientífica atractiva en una simplificación excesiva.

Orientarse primero, ejecutar después

La literatura sobre scanning permite hacer una distinción especialmente útil.

Una cosa es orientarse.

Otra es especificar la acción.

La orientación permite construir una representación general:

¿dónde están mis compañeros?

¿dónde están los adversarios?

¿qué espacios existen?

¿por dónde puede progresar la jugada?

Después aparece una búsqueda más específica:

¿con qué pie recibiré?

¿cuánta presión tengo detrás?

¿puedo girar?

¿dónde debo colocar exactamente el pase?

La investigación reciente resume estas funciones como una exploración inicial para descubrir posibilidades y una exploración posterior destinada a precisar la acción.

Messi permite observar muy bien ambas.

Valdivia también.

Y probablemente ahí radicaba parte del encanto de Laudrup.

Parecía jugar espontáneamente porque la ejecución era rápida.

Pero la rapidez de la ejecución podía descansar sobre un proceso perceptivo que había comenzado mucho antes.

Mirar mejor también significa recordar mejor

Hay otro mecanismo que suele quedar escondido.

La información visual desaparece muy rápido.

El jugador mira detrás de sí y, un segundo después, el defensor ya no está donde estaba.

Por eso explorar no basta.

Hay que mantener y actualizar una representación del entorno.

Un jugador experto no conserva una fotografía exacta de la cancha. Mantiene algo parecido a un mapa provisional:

defensor aquí;

compañero desplazándose allí;

espacio abriéndose detrás;

presión llegando desde este lado.

Y ese mapa se actualiza constantemente.

La experiencia ayuda porque reduce la cantidad de información que debe manejarse de forma independiente.

El principiante puede observar:

un defensor;

otro defensor;

un compañero;

otro compañero.

El experto reconoce una configuración:

superioridad por izquierda.

O:

línea defensiva descompensada.

O:

tercer hombre libre.

La psicología cognitiva denomina a procesos de este tipo chunking: muchas unidades de información comienzan a organizarse en configuraciones con significado.

Eso permite entender otra aparente paradoja.

El experto no necesariamente procesa más información conscientemente.

Puede procesar más porque necesita pensar conscientemente en menos elementos separados.

La creatividad empieza mirando

Esto conecta directamente con otro de los grandes temas del artículo de Drexel: la creatividad.

Zillmer recuerda que una solución creativa debe ser novedosa, pero también útil, y destaca la importancia de entrenar tanto la generación como la selección de alternativas.

Pero antes de imaginar una solución hay un requisito elemental:

hay que percibir que esa solución existe.

Los trabajos de Roca y colaboradores muestran que los futbolistas más creativos exploran más información relevante, generan más posibilidades de acción y detectan mejor determinadas oportunidades ofensivas.

Aquí Laudrup vuelve a ser un ejemplo precioso.

El pase imposible no comienza en el pie.

Empieza cuando alguien ve un corredor que los demás todavía no han incorporado al problema.

Valdivia podía jugar entre líneas porque parecía detectar antes dónde aparecería el espacio.

Messi puede dejar pasar una alternativa evidente porque ya percibió otra mejor.

La creatividad, entonces, no consiste únicamente en inventar.

También consiste en descubrir posibilidades que estaban disponibles, pero que para otros permanecían invisibles.

No tenemos que convertirlos en Argos

Esto tiene implicancias importantes para el entrenamiento.

No se trata de enseñar a los futbolistas a mover la cabeza compulsivamente.

Ni de llenar las sesiones de órdenes:

“¡mira!”

“¡perfil!”

“¡escanea!”

“¡levanta la cabeza!”

El problema es que podemos enseñar la conducta exterior sin enseñar el proceso psicológico.

Un jugador puede mirar cinco veces y no recoger ninguna información útil.

Por eso la pregunta pedagógica debería cambiar.

No solamente:

¿miraste antes de recibir?

Sino también:

¿qué viste?

¿Dónde estaba el rival?

¿Qué cambió entre tu primera y tu última mirada?

¿Qué posibilidad apareció?

¿Qué información te hizo decidir jugar hacia adelante?

¿Qué señal te indicaba que podías girar?

La investigación demuestra que el scanning se relaciona con características de la acción posterior, incluida la posibilidad de jugar hacia adelante, girar o liberar más rápidamente la pelota. Pero mirar por mirar no puede ser el objetivo.

No necesitamos fabricar jugadores con cien ojos.

Necesitamos formar jugadores capaces de utilizar bien los dos que tienen.

Y entonces vuelve Odiseo

Aquí mantendría también la historia de Odiseo y Polifemo de la versión anterior, pero más adelante, cuando pasemos desde percepción hacia flexibilidad cognitiva y creatividad.

Argos serviría para introducir la percepción.

Odiseo para explicar la creatividad.

Porque Odiseo no salió de la cueva viendo algo que Polifemo no pudiera observar.

Ambos tenían delante la misma roca.

Las mismas ovejas.

La misma salida.

La diferencia estuvo en el significado que uno de ellos fue capaz de asignarles.

Polifemo veía ovejas.

Odiseo vio una vía de escape.

Y quizás esa sea una buena forma de unir percepción y creatividad en el fútbol:

ver mejor no significa únicamente detectar más cosas.

Significa descubrir en ellas posibilidades diferentes.

Eso hacía Laudrup cuando un espacio aparentemente cerrado se transformaba en un pase.

Eso hacía Valdivia cuando la sombra de un rival se convertía en información.

Y eso sigue haciendo Messi cuando unos segundos caminando se convierten, de pronto, en una ventaja que nadie alcanzó a ver construirse.

Por eso quizá la genialidad futbolística empiece mucho antes de la pelota.

Empieza mirando.

Pero, sobre todo,

empieza aprendiendo a ver.